¿Quién sabe qué es lo mejor para nosotros?

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Recibir un diagnóstico médico desfavorable, sea para nosotros mismos o para un ser querido es un momento delicado, que todos deseamos que nunca nos pase. Conocemos historias de personas que han vivido y viven sus peregrinajes médicos detrás de la curación. No sabemos en quien confiar, los propios médicos no saben qué decirnos. Primero vivimos en la incertidumbre a la espera de las analíticas y pruebas, para que luego te rotulen con una enfermedad, la resolución (si es que la hay): unas dosis altísimas de fármacos con efectos colaterales que nos harán dudar de si es un remedio o una droga. O en el mejor de los casos que te digan que lo tuyo es crónico, que convivirás con ello hasta el fin de tus días. ¿Cómo conformarse con eso? Resignarse a que nos haya tocado la desgracia, y que ese es nuestro karma o nuestra cruz, y que tenemos que cargar con ello para toda la vida. ¿Hemos sido tan malos? ¿Qué hemos hecho para merecer tal cosa? ¿Es justo todo eso? Seguir leyendo

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Mira al cielo, reconoce tu luz

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La psicología dice que nosotros solamente utilizamos el 10% de las capacidades mentales que tenemos, y que ese porcentaje seria la franja de nuestra consciencia, y todo lo demás seria lo que conforma nuestra “sombra” o nuestro inconsciente.

Ante tal afirmación, ya os habéis planteado alguna vez, ¿cómo puede ser que llevemos dentro de nosotros tanta cosa desconocida? ¿cómo puede ser que no conozcamos la mayoría de las cosas que pasan dentro de nosotros?
Y toda esa oscuridad interior, ¿actúa en mi vida? ¿cómo interfiere en mi día a día? ¿y ahora mismo, dónde está ese gigante dormido?
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Estar centrados es asumir nuestro papel en la vida

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Con la filosofía de Oriente aprendemos que en el Universo no existe el vacío, que todo está lleno de algo y que esa gran materia organizada se mueve según unas leyes. Así conocemos la premisa o Ley de complementariedad, que puede ser comprendida por ejemplo, con el
símbolo del Yin-Yang: el blanco y el negro representan la dualidad, sin embargo están completamente armonizados por su complementario, formando una unidad perfecta, y en un movimiento constante y homogéneo. Eso también se aplica a nosotros, es decir, funcionamos bajo esa y otra leyes de la naturaleza, y por lo tanto seguimos unos parámetros de comportamiento. Seguir leyendo

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¿Actuaríamos distinto si tuviéramos la certeza de que lo que nos planteamos en la vida saldrá bien?

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Ese fue el planteamiento que me hice cuando decidí cambiar de un trabajo con contrato indefinido para emprender un nuevo proyecto, mío, independiente y sin la seguridad del sueldo al final del mes. Es que cuando decidimos hacer algo distinto de lo que estamos acostumbrados en la vida, junto nos viene un paquete de miedo, dudas y inseguridad que nos quitan la paz. Suelen decir los que tienen más experiencia, que esos momentos son los más divertidos, cuando celebramos cada pequeño logro, valoramos las cosas sencillas, tenemos más ilusión por los retos. Pero es justamente cuando más nos ponemos en tensión, por la incertidumbre del futuro y nos asoma el estrés y las preocupaciones. Pero, ¿y si hubiese una manera de encontrar esa certeza interior de que las cosas saldrán bien? Seguir leyendo

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El camino del corazón

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El Principito tuvo una inspiración divina cuando dijo una de las frases que, supongo, es de las que más resuenan en todo el mundo. Y es que lo esencial es invisible a los ojos. Sólo vemos bien con el corazón. Suena muy bonito y queda bien aconsejar a los amigos a que lo hagan, pero ¿cómo se hace para ver con el corazón?

El corazón por mucho tiempo ha sido relegado como el hábitat de las emociones muchas veces nefastas en nuestras vidas, pero hace ya algún tiempo empezó a tener más protagonismo, hasta tal punto que la ciencia ha anunciado oficialmente ¡que el corazón tiene neuronas! Hoy en día hay gente muy buena por ahí que abogan por el corazón e incluso un Instituto en EEUU que propone disminuir el estrés controlando y dirigiendo en cada momento nuestro nivel de coherencia entre el corazón y la mente.

“Ver con el corazón puede ser un hábito que nos ayude a adquirir mayor fluidez en nuestras acciones y por lo tanto más soltura ante los conflictos que se nos presentan.”

Normalmente no tenemos el hábito de buscar abrigo en las profundidades de nuestros latidos cardiacos, más bien solemos quedarnos en la superficie de nuestras impresiones: quedamos con las apariencias, con los juicios que hacemos con nuestra mente (a la que le encanta tener razón), en fin, utilizamos otros vehículos para ponderar nuestras vivencias. Sin embargo, ver con el corazón exige Valor para adentrarnos en esas profundidades en busca de respuestas ya que nos encontraremos con las resistencias interiores que son todo eso que hemos cultivado fuera. Pero ver con el corazón puede ser un hábito que nos ayude a adquirir mayor fluidez en nuestras acciones y por lo tanto más soltura ante los conflictos que se nos presentan.

Veamos: el corazón está ubicado en el medio de nuestro cuerpo (es el mediador de las situaciones interiores), el corazón no ve diferencia entre razas, religión ni cuenta bancaria (por dentro somos iguales), el corazón tiene ritmo y se puede fiar de él (durante la vida no oscila y nunca para de latir). Por lo tanto tiene capacidad suficiente para poder ser la base de nuestras decisiones en la vida.

“Actuar con el corazón es como ir hacia el centro de una circunferencia donde se tiene una visión más completa de todo lo que pasa alrededor”


Ver con el corazón no es lo mismo que dejarse llevar por las emociones o actuar de forma impulsiva. Permitirnos actuar con el corazón es como ir hacia el centro de una circunferencia donde se tiene una visión más completa de todo lo que pasa alrededor, y es también el origen de todo, es donde vamos a identificar las raíces de lo más verdadero en nosotros. Es tener una visión más limpia, más inocente (que no ingenua), como la visión de los niños. De hecho, el mismo Principito decía que los niños se aburren en darles muchas explicaciones a las personas grandes ya que les cuesta entender las cosas. Una sutil ironía que afronta nuestro convencimiento casi dogmático acerca de cómo funcionan las cosas y ya cimentado en la edad adulta.

Así que, encontrar el camino del corazón me parece una causa muy noble y justa por la que dedicar nuestros esfuerzos, y actuar según sus dictados me parece una excelente forma de vivir. Sigamos los consejos del Principito, abandonemos nuestro afán de control y dejémonos guiar por nuestro sabio corazón.

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Conocer a nuestra sombra

En la última publicación había comentado sobre las 2 premisas que tendríamos que considerar ciertas para poder comprender mi razonamiento. Así que ahora me gustaría explorarlas un poco más.

Ya está bastante visto el hecho de que somos compuestos por partes visibles (el cuerpo) y partes invisibles (alma, espíritu, energía, etc). Hasta donde sabemos, un cuerpo inerte no tiene capacidad propia de manifestarse, si no que hay un PRINCIPIO, una inteligencia que le anima. De aquí la lógica de que la parte que nos anima es la que no vemos, ya que el cuerpo en sí es la materia inerte. Por lo tanto y siguiendo la lógica entendemos que cuando ese cuerpo, esa materia, manifiesta alguna desarmonía tampoco lo hace por su cuenta si no que obedece a ese principio.

Para hacernos la idea voy a exponer un ejemplo que me gusta mucho, extraído del libro “La enfermedad como camino”: Si tu coche acusa con una luz en el panel de que le falta aceite en el motor, no vas a aceptar, si el mecánico arregla el problema simplemente tapando la luz, ¿de acuerdo? Parece una locura, pero es cómo actuamos con la enfermedad cuando nos tomamos las pastillas que nos receta el médico. No quiero decir que no tomemos pastillas. Digo que no pensemos que las pastillas resuelven el problema.

En realidad creo que mucha gente sabe que las pastillas no resuelven, pero las toman creyendo que les ayudarán a soportar el dolor mientras se cura la enfermedad, y que, cuando todo pase la vida volverá a la normalidad. Y no están de todo equivocadas. En muchos casos la enfermedad se irá, pero el síntoma es un mensajero, que nos informa de que algo en nuestra parte invisible no va bien, y que lo estamos ignorando. Si tomamos las pastillas para luego seguir la vida como si nada, seguiremos ignorando las señales que tenemos para poder ver las cosas con más claridad. En realidad estamos optando por ver las cosas como queremos ver y no como realmente son.

“Hasta ahí muy bien, pero ahora decir que hasta los accidentes los provocamos nosotros, eso ya es demasiado!” Así pensaba yo, y seguramente pensaréis muchos de vosotros. Pero cuando empezamos a querer interpretar el lenguaje de la vida, ella nos enseña que todo tiene una causa, y las circunstancias son también mensajeros que nos informan de estados interiores que ignoramos. ¿Cuantos pensamientos tenemos por segundo? ¿Cuántas cosas somos capaces de pensar en 60 segundos? ¿Y en un día entero? ¿Con qué rapidez podemos acordarnos de algo o hacer una conexión entre un pensamiento y otro? Realmente no sabemos la respuesta, nuestro cerebro responde a miles de estímulos, y un sólo pensamiento puede ser tan rápido que ni nos damos cuenta de que ha pasado por nuestra mente. ¿Os acordáis de los mensajes subliminales? Y quizás os suene que ese tipo de mensaje trabaja en el “inconsciente colectivo”. Pues de eso se trata, de las miles de cosas que somos capaces de pensar y proyectar sin ser consciente de ello. Es un motor oscuro responsable por una mayor parte de nuestras decisiones (qué comemos, qué compramos, qué hacemos, qué nos gusta, etc). Por eso los especialistas dicen que nuestra consciencia es como un iceberg y que el inconsciente, que representa un 90%, es la parte sumergida.

hyde Conocer el lenguaje de la vida es poner luz en ese lado oscuro, es desvelar ese motor, conocer sus engranajes y funcionamiento. No para dominarlos, si no para no ser dominados por él. Perdonad la redundancia, pero cuando hay luz las cosas se ven más claramente,  y ya no nos engañamos creyendo que hacemos una cosa por un motivo cuando en realidad es por otro. Saber el VERDADERO MOTIVO por el cuál hacemos las cosas nos da seguridad, libertad y felicidad. Nada más y nada menos. El único inconveniente en ese juego es que, saber el verdadero motivo de lo que hacemos puede chocar con la imagen que tenemos de nosotros mismos, y a veces eso duele. Pero es un precio que tarde o temprano todos estaremos dispuestos a pagar. ¿Cuándo te atreverás?

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¿Cómo funciona ese tal lenguaje de la vida?

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· TODOS los síntomas que se manifiestan en nuestro cuerpo (inclusive los accidentes) tienen una causa invisible (emocional, mental o espiritual).

· Somos los únicos RESPONSABLES de tales síntomas, aunque lo ignoremos por completo.

Teniendo en cuenta esas dos premisas podemos comprender lo que me gusta llamar el lenguaje de la vida.

¿Cuánto tiempo tardaríamos si quisiéramos, por ejemplo, aprender chino? A lo mejor 2 años o 3, o 4.. y estaríamos muchos años perfeccionando nuestra práctica con destreza. Pues con el lenguaje de la vida pasa lo mismo. Damos por hecho que cuando cumplimos la mayoría de edad estamos listos para afrontar la vida, pero nos damos cuenta muy rápido de que eso no es así. Es más, a veces por, ni siquiera cuestionarnos si eso es así, metemos la pata una y otra vez y tampoco nos preocupamos en aprender cómo vivir, cómo relacionarnos, etc. Por eso todos conocemos historias de personas que dan cabezazos en la misma pared toda la vida hasta llegar al lecho de muerte preguntándose ¿qué he hecho de mi vida? Pues bien, si queremos aprender chino lo primero que tenemos que tener en cuenta es que NO SABEMOS hablar chino, y entonces nuestra actitud será más receptiva y podremos aprender.

“No sabemos que esa sombra tan fea es el lenguaje que tiene la vida para enseñarnos el camino de regreso a casa, el conocimiento de nosotros mismos, la plenitud de nuestro Ser.”

De forma que todas las circunstancias que vivimos tienen una CAUSA que parte de planos que nos vemos, los cuales algunos llaman inconsciente, otros llaman karma, y otros sombra. Muy tontos nosotros cogemos esa sombra, que se presenta muy fea y la reprimimos, la escondemos, la ignoramos. No sabemos que esa sombra tan fea es el lenguaje que tiene la vida para enseñarnos el camino de regreso a casa, el conocimiento de nosotros mismos, la plenitud de nuestro Ser. Seria cómico si no fuese trágico, pero pasamos toda la vida o gran parte de ella buscando el sentido de la vida en las circunstancias exteriores, cuando el Universo ha puesto las respuestas en la única parte que insistimos en evitar. Pero no hace falta que de repente nos giremos a abrazar esa sombra tan fea, ya que seria antinatural tamaña brusquedad. Sin embargo, podemos ir dando pequeños pasos, que sean firmes, que sean nuestras propias conquistas, y que nos darán el Valor para llegar adónde anhelamos.

En este punto es importante poner en marcha nuestra Mafalda interior y empezar a preguntarnos el porqué de las cosas, y todavía más útil si nos preguntamos incansablemente PARA QUÉ hacemos cada cosa. Sobre todo al principio, no encontraremos respuestas y sí quizás unas ganas interminables de concluir algo, llegar a una respuesta con nuestra noria mental. El agobio ante tantas cuestiones es natural, no podemos salir de la primera semana de las clases de chino queriendo entender todo lo que dice el periódico de China.

“Buscad vuestro anhelo más profundo del alma, (…) y pedid de todo corazón, y proponeros como reto desvelar la respuesta que os dará.”

Sin embargo, hay partes de nosotros que funcionan con otra lógica y que escuchan nuestras preguntas, trayendo a la luz respuestas en forma de circunstancias que vemos a nuestro alrededor, o en ideas que nos surgen repentinamente en un sábado por la tarde, o quizás nuevos razonamientos en conversaciones con amigos, etc. Sí, la vida es así de cachonda, nos responde pero no de la manera que nos gustaría (de inmediato) si no en forma jeroglífica para que nos haga estar más atentos y poner a prueba nuestras verdaderas inquietudes.

Buscad vuestro anhelo más profundo del alma, y pedid a la vida, al Universo, a vuestro Dios, me da igual qué figura vais a poner. Pero pedid de todo corazón, y proponeros como reto desvelar la respuesta que os dará. Pero sobre todo no subestiméis vuestra capacidad de comprensión de la vida, recordad que no vamos a salir hablando chino de la primera semana de clases, y que nos equivocaremos mucho, sobre todo al principio. ¡Suerte!

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